Confieso que me emocioné muchísimo al leer en "Un lugar llamado Oreja de Perro", que el personaje principal había visto junto a una enamorada suya cuando jóvenes todas las películas de François Truffaut en las que Antoine Doinel era el protagonista. Y él, como yo, también olvidaba si el título de la tercera aventura de aquel joven francés se titulaba "Besos Robados" o "Besos volados".
Y es justamente "Besos Robados" la primera película de la saga que vi. Aquella tarde de invierno limeño gris, yo tenía la peor gripe de los últimos años, pero me transporté a París de 1968 y quedé dormida en mitad de la película por unas 4 horas, pese al gran interés que me producía cada escena. Cuando desperté, el reproductor de DVD's la había transmitido un par de veces y la canción principal del filme -Que Reste-t-il De Nos Amours?- estaba impregnada en mi inconciente. Pienso que fue un buen inicio.
Luego entendí por qué sentí tanta curiosidad e intriga con "Besos Robados", cómo iba a entender al personaje de ficción Antoine Doinel si no conocía su pasado y el porqué de sus actos. A veces un personaje lo dice todo, pero en este caso, verlo en desorden era más que atractivo, adictivo y mucho más si la curiosidad es motor y motivo, como en mi caso.
Un tiempo después pude ver "Los 400 golpes" (1959) y en ella a Antoine Doinel como niño problema. Un personaje que enternece en su búsqueda de libertad y amistad; y entristece por su carencia de amor. Tuve ganas de abrazarlo.
Hace unos días vi "Domicilio Conyugal", la penúltima de las 5 películas. Todo estuvo claro. Cada acto de Doinel tenía una explicación en las antes mencionadas. Desde su relación con la familia de Christine -su esposa- también la relación con las prostitutas y la amante japonesa, Kyoko. Es decir, su relación con la mujer después de la madre poco ejemplar de "Los 400 golpes".
Antoine tuvo la familia que al parecer anhelaba; sin embargo, la relación con Christine es temporalmente insatisfactoria para ambos. No me sorprendería que Truffaut haya conocido muy bien el efecto post-parto y la relación madre-hijo para desarrollar el personaje de Doinel como esposo-padre y el de Chistine, la esposa-madre; sin embargo, algo interesante sobre papel de Claude Jade es que no pierde la clase y sutileza al descubrir la infidelidad de su marido sorprendiéndolo vestida de geisha. A pesar de los gritos, son una pareja joven, cómplice y amorosa a su estilo. Como colofón, un final común aunque no tan intrigante como las demás.
Aún me restan ver "L'amour a vingt ans", también conocida como "Antoine et Colette" o "El amor a los 20 años: Antoine y Colette" y la última: "El amor en fuga", en donde Antoine, ya separado de Christine, se reencuentra con Colette. Ambas están en youtube con subtítulos en italiano.
La melodía de inicio de "L'amour a vingt ans" es mi nueva "Que Reste-t-il De Nos Amours?". Quelquejour tendré la banda sonora de todas las películas de Truffaut, por ahora sigo buscándo títulos.
Esto me gustó mucho. Sobre todo porque truffaut es genial. La que más me gustó fue Amor en Fuga, sí. La volveré a ver porque ya había olvidado todo esto.
ResponderEliminarLa escena en besos robados en que Antoine se enfrenta a su imagen en el espejo y al sonido repetido de su nombre ha quedado grabada en mi cabeza.
ResponderEliminarDe hecho, me gustó el juego alternante entre su nombre y el de Christine. Parecía querer construir una identidad con su insegura pero suya voz. Para ser justos, no se mostraba del todo inseguro. Por el contrario, ese momento en la soledad de su lavatorio lo definió para mí: repitiendo su nombre y el de la chica que quería tan cerca de él como el aliento que pronunciaba juntos a ambos nombres, de la que se enamoraría, con la que se casaría, tendría un niño y luego -me entero- dejaría, se emociona y se siente otro. Como si fuese alguien mejor.
Frente al espejo también practica frases en inglés, luego en "Domicilio Conyugal" lo hablará un poco con su jefe, esa parte es graciosa.
ResponderEliminar"I prefer poetry over prose" con denodado cuidado en el acento.
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