sábado, 14 de agosto de 2010

Bye-bye Baby



Desde niña, siempre sentí grandísima curiosidad por Marilyn Monroe.
Si bien es cierto, no vi una película suya hasta 23 años después de mi nacimiento,
conocí sobre su vida gracias a la amplia colección de revistas "Vanidades" que existe en la casa de mi abuela paterna y a la sección "biografías" de la misma. Fue entonces que supe más sobre una niña de infancia triste y violenta, una joven llena de espíritu y una mujer audaz; más que de los personajes que interpretó, según entendí todos sexys y bobos al mismo tiempo. Por supuesto, también supe de ella gracias a la televisión, videos de sus musicales y múltiples pastiches de su imagen por aquí y por allá. Desde Madonna, hasta cualquier travesti emplumado y fucsia, pasando por Warhol y la película de Moulin Rouge con Nicole Kidman.

Puede ser que sí, los caballeros las prefieran rubias. Lo dice "El País", lo dicen las encuestas.

Y que los diamantes sean los mejores amigos de las mujeres, los muchachos deportistas sean vistos como un pedazo de carne, no sea propio de una dama quejarse sobre el dolor de pies en público (benditos tacones), ni un hombre casado de mediana edad se niegue a regalarle joyas a una joven curvilínea proto-amante.

Hablando de curvilíneas figuras, lo vintage y lo clásico están en todos lados (junto a lo demás). La auto realización femenina y las respuestas directas (punto a favor para Lorelei Lee) son el triunfo de la película en no quedar en el tiempo. "Los caballeros las prefieren rubias" trasciende por no importar que ahora las mujeres tengan más libertad, sino por aquellos pensamientos que ninguna mente abierta actual piensa borrar de su disco duro.

Y bueno, la he visto varias veces como para entender que el comportamiento de Lorelei Lee pude haberlo tenido yo en cierta medida -alguna vez- y quizás todas mis congéneres también.
Incluidas las chicas Cosmo y las que dicen no necesitar de nadie pero extrañan en demasía.