sábado, 14 de agosto de 2010
Bye-bye Baby
Desde niña, siempre sentí grandísima curiosidad por Marilyn Monroe.
Si bien es cierto, no vi una película suya hasta 23 años después de mi nacimiento, conocí sobre su vida gracias a la amplia colección de revistas "Vanidades" que existe en la casa de mi abuela paterna y a la sección "biografías" de la misma. Fue entonces que supe más sobre una niña de infancia triste y violenta, una joven llena de espíritu y una mujer audaz; más que de los personajes que interpretó, según entendí todos sexys y bobos al mismo tiempo. Por supuesto, también supe de ella gracias a la televisión, videos de sus musicales y múltiples pastiches de su imagen por aquí y por allá. Desde Madonna, hasta cualquier travesti emplumado y fucsia, pasando por Warhol y la película de Moulin Rouge con Nicole Kidman.
Puede ser que sí, los caballeros las prefieran rubias. Lo dice "El País", lo dicen las encuestas.
Y que los diamantes sean los mejores amigos de las mujeres, los muchachos deportistas sean vistos como un pedazo de carne, no sea propio de una dama quejarse sobre el dolor de pies en público (benditos tacones), ni un hombre casado de mediana edad se niegue a regalarle joyas a una joven curvilínea proto-amante.
Hablando de curvilíneas figuras, lo vintage y lo clásico están en todos lados (junto a lo demás). La auto realización femenina y las respuestas directas (punto a favor para Lorelei Lee) son el triunfo de la película en no quedar en el tiempo. "Los caballeros las prefieren rubias" trasciende por no importar que ahora las mujeres tengan más libertad, sino por aquellos pensamientos que ninguna mente abierta actual piensa borrar de su disco duro.
Y bueno, la he visto varias veces como para entender que el comportamiento de Lorelei Lee pude haberlo tenido yo en cierta medida -alguna vez- y quizás todas mis congéneres también. Incluidas las chicas Cosmo y las que dicen no necesitar de nadie pero extrañan en demasía.
martes, 19 de enero de 2010
Entendiendo a Antoine Doinel
Confieso que me emocioné muchísimo al leer en "Un lugar llamado Oreja de Perro", que el personaje principal había visto junto a una enamorada suya cuando jóvenes todas las películas de François Truffaut en las que Antoine Doinel era el protagonista. Y él, como yo, también olvidaba si el título de la tercera aventura de aquel joven francés se titulaba "Besos Robados" o "Besos volados".
Y es justamente "Besos Robados" la primera película de la saga que vi. Aquella tarde de invierno limeño gris, yo tenía la peor gripe de los últimos años, pero me transporté a París de 1968 y quedé dormida en mitad de la película por unas 4 horas, pese al gran interés que me producía cada escena. Cuando desperté, el reproductor de DVD's la había transmitido un par de veces y la canción principal del filme -Que Reste-t-il De Nos Amours?- estaba impregnada en mi inconciente. Pienso que fue un buen inicio.
Luego entendí por qué sentí tanta curiosidad e intriga con "Besos Robados", cómo iba a entender al personaje de ficción Antoine Doinel si no conocía su pasado y el porqué de sus actos. A veces un personaje lo dice todo, pero en este caso, verlo en desorden era más que atractivo, adictivo y mucho más si la curiosidad es motor y motivo, como en mi caso.
Un tiempo después pude ver "Los 400 golpes" (1959) y en ella a Antoine Doinel como niño problema. Un personaje que enternece en su búsqueda de libertad y amistad; y entristece por su carencia de amor. Tuve ganas de abrazarlo.
Hace unos días vi "Domicilio Conyugal", la penúltima de las 5 películas. Todo estuvo claro. Cada acto de Doinel tenía una explicación en las antes mencionadas. Desde su relación con la familia de Christine -su esposa- también la relación con las prostitutas y la amante japonesa, Kyoko. Es decir, su relación con la mujer después de la madre poco ejemplar de "Los 400 golpes".
Antoine tuvo la familia que al parecer anhelaba; sin embargo, la relación con Christine es temporalmente insatisfactoria para ambos. No me sorprendería que Truffaut haya conocido muy bien el efecto post-parto y la relación madre-hijo para desarrollar el personaje de Doinel como esposo-padre y el de Chistine, la esposa-madre; sin embargo, algo interesante sobre papel de Claude Jade es que no pierde la clase y sutileza al descubrir la infidelidad de su marido sorprendiéndolo vestida de geisha. A pesar de los gritos, son una pareja joven, cómplice y amorosa a su estilo. Como colofón, un final común aunque no tan intrigante como las demás.
Aún me restan ver "L'amour a vingt ans", también conocida como "Antoine et Colette" o "El amor a los 20 años: Antoine y Colette" y la última: "El amor en fuga", en donde Antoine, ya separado de Christine, se reencuentra con Colette. Ambas están en youtube con subtítulos en italiano.
La melodía de inicio de "L'amour a vingt ans" es mi nueva "Que Reste-t-il De Nos Amours?". Quelquejour tendré la banda sonora de todas las películas de Truffaut, por ahora sigo buscándo títulos.
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